La canción de Amor / The Love Song

Finalmente terminé la traducción de una de mis historias favoritas y su versión audiovisual, "La canción de Amor" y la gesta de Arnalda por descubrir los secretos del Amor pidiéndole respuesta a los seres de la naturaleza. Un relato relajante y espiritual que invita a la reflexión y la fantasía. Un cuento registrado justo con su traducción al inglés en el Registro de la Propiedad Intelectual de España, sin embargo quiero compartirlo en régimen de CC BY para que llegue al máximo de personas posible.

PDF descargable con la historia en inglés y en español listo para imprimir (edición bilingüe, páginas alternas) en http://bit.ly/2vEZY7Q con su portada en http://bit.ly/2v3dRJD y su contraportada en http://bit.ly/2wRvwps

PDF descargable con la historia en inglés y en español con las portadas incorporadas (edición primero español, después inglés), mejor para leerlo en formato PDF directamente, en http://bit.ly/2w37I4H

Wattpad en http://w.tt/2x67Tc6

Versión audiovisual del relato en español:



Texto del relato sin imágenes, versiones en inglés y español por separado, ¡espero que os guste!








 
A Dan como todo lo que hago
todo lo que soy


siempre con la bendición de Dios sobre nosotros.







Un buen día, Arnalda, una joven trovadora, anunció que emprendería un viaje con el objetivo de componer la más bella canción de Amor jamás creada.

Quería reflejar en sus palabras, acompañadas de la más sutil de las melodías, la auténtica esencia del Amor, para que así este y sus misterios fueran asequibles a todos los seres humanos. ¡Tan grande era su empresa!

Así que, siguiendo su instinto, partió un buen día en solitaria peregrinación a la búsqueda de los seres de la naturaleza. Pensaba que, si los sabía escuchar con la debida atención y reverencia, estos le revelarían el secreto de la melodía etérea del Amor.

Ni corta ni perezosa, anda que te andarás, siempre con la lira a su espalda, llegó hasta un hermoso jardín abandonado de la mano del hombre. El tiempo se encargaba ahora de esculpir las formas de los parterres con la abundancia generosa y desenfrenada de la naturaleza, y de adornar las rendijas entre las piedras del suelo con plantitas jóvenes.
 
¡Aquí encontraré a alguien que pueda ayudarme! se dijo Arnalda.

Y se puso a trovar para el viento danzando entre las ramas, los rayos del sol persiguiéndose entre la infinidad de flores, y los aromas de las buenas y las malas hierbas que se entremezclaban en el aire como un abrazo de sinfonías diferentes de luz, suavidad y resplandor de colores sutiles.


Una hermosa rosa color carmesí se desperezó al oírla, y Arnalda, saludándola con la delicada majestad con que corresponde dirigirse a las flores, le preguntó:

Hermosa rosa carmesí, reina de las flores por belleza, delicadeza, exuberancia y perfume, favorita de los enamorados ¿accederías a ayudarme en mi gesta? Estoy buscando la respuesta al misterio que me permita componer la más bella canción de Amor jamás creada.

Y la rosa carmesí le contestó:

«El Amor es el estado natural de todos los seres vivos.  

»Cuando se tienen unas raíces robustas bien arraigadas en la tierra, y hojas sanas y fuertes que respiran con deleite la luz del sol, la belleza encuentra espacio para desarrollarse en el interior del propio cuerpo.

»El Amor es lo que hace que la primera raíz de la semilla busque el abrazo húmedo y oscuro de la tierra, y que las primeras hojas deseen fundirse con el ardor creciente del sol. Es la fuerza que posibilita que lo más oscuro y lo más luminoso de la naturaleza del ser humano se encuentre y se reconcilie, transformando y alimentando el propio centro con equilibrio y armonía.

»Quien permite esa fusión de cielo y tierra, de lo más elevado a lo más profundo, a través de los circuitos de su propio cuerpo; quien se deja penetrar y alimentar por estas fuerzas antagónicas y sin embargo amantes crea dentro de su alma el nido para que la belleza se desarrolle. Es la semilla dentro de la semilla. El lugar en el que carne y alma finalmente se encuentran.

»Así, quien se abandona al abrazo nutriente y firme de la tierra y permite que el viento limpie y sacuda sus pensamientos, este tiene al Amor dentro de sí.

»Y del mismo modo que mi belleza y perfume atraen por ser tal y como son, aquellos que poseen al Amor dentro de sí no necesitan seducir, puesto que son seres vivos completos en sí mismos. Sean como sean, encontrarán quien goce de su perfume desde la libertad».

Aunque las palabras de la rosa carmesí conmovieron mucho a Arnalda, esta intuyó que no poseía todavía la clave para componer la canción de Amor más bella jamás creada. Así que, despidiéndose con reverencia de la flor y del jardín, sintiendo el corazón alegre prosiguió animadamente su viaje.

Ni corta ni perezosa, anda que te andarás, siempre con la lira a su espalda, llegó hasta una amplia llanura de trigo maduro. Las cigarras chirriaban desaforadas bajo el calor tórrido del mediodía, y las doradas espigas se curvaban bajo la brisa como un mar en llamas sediento de aún más ardor. Las amapolas se asomaban tímidamente como rojas sonrisas entre la agitada monotonía de aquel reluciente océano de oro.

¡Seguro que aquí también encuentro a alguien que pueda ayudarme! se dijo Arnalda.

Y al igual que había hecho en el jardín, sacó su lira y ofreció una alegre trova de sol y lluvia a la enorme extensión de trigo maduro que brillaba a su son y al del viento, que le quería robar la falda y le desordenaba el pelo, atrevido.

Una gruesa espiga se puso a tararear la canción con ella, danzando a su son, y Arnalda, dedicándole la respetuosa reverencia debida a una de las plantas madre de todos los alimentos, le dijo:

Radiante espiga de trigo, tú que conviertes la luz del sol en alimento para animales y humanos y los nutres con su calor y su fuerza ¿accederías a ayudarme en mi gesta? Estoy buscando la respuesta al misterio que me permita componer la más bella canción de Amor jamás creada.

Y la espiga dorada le contestó:

«El Amor es la fuerza que mueve a la gestación y la transformación.

»Es lo que hace posible que el trabajo que hacemos durante nuestra existencia, todo lo que vivimos, todo lo que sentimos pueda servir como materia prima para la creación de más vida.

»Así, del mismo modo que yo he crecido desde semilla hasta convertirme en espiga y mi trabajo servirá, cuando yo ya no esté, para la creación de nuevos

alimentos, las vidas de padres, maestros y doctores son el sustento de los que crecen y aprenden.

»Ahora bien: en el ser humano está escrito que el hijo pueda ser también padre para el padre; el alumno maestro para el maestro, y el paciente doctor para el doctor puesto que cualquier contacto que se establece con otro ser vivo es revelador, ya que así como reaccionamos a él así es como somos.

»Por eso, el que Ama tiene que ser valiente, debe estar dispuesto a dejarse moler, amasar y cocer por el sentimiento; ya que entregarse al Amor es penetrar en la más poderosa fuente de cambio, aventura y conocimiento que existe.

»Así, quien se muestra tal y como es y permite que los demás cojan de él o ella todo lo bueno y todo lo malo, sin intentar ocultar nada ni temer al rechazo, al juicio o al conflicto; quien confía y se deja transformar en materia nueva por sus sentimientos; quien se entrega en mente y cuerpo, alma y sangre por el bienestar de aquellos a los que, con su experiencia de vida, sustenta esa persona es maestra del Amor, y con su misma vida nutre y alimenta el interior de quienes la rodean».

A pesar de que las palabras de la espiga dorada impresionaron muy gratamente a Arnalda, esta sintió que aún necesitaba buscar más para dar con la clave para componer la canción de Amor más bella jamás creada. Así que se despidió con gran respeto y agradecimiento de la espiga y el campo de trigo, y acto seguido, más serena pero aún muy animada, prosiguió su viaje.

Ni corta ni perezosa, anda que te andarás, siempre con la lira a su espalda, se adentró en un espeso y sombrío bosque otoñal en el que los árboles regalaban sus hojas secas al frío viento que los sacudía. En la refrescante humedad de la arboleda, el aroma de la hojarasca en descomposición, de bellos tonos ocre, y de las ocasionales setas salvajes brotando de entre los altos troncos vivificaba los pulmones de Arnalda. Y cuando esta llegó a la orilla musgosa de un arroyuelo cristalino se paró, y exclamó para sí misma:

¡Seguro que aquí también encuentro a algún ser de la naturaleza que me ayude en mi tarea!

Y, sentándose en una suave roca gris, sacó su lira una vez más y trovó una melancólica canción, con voz muy bajita, dedicada a las hojas pardas que caían a la superficie del agua y se dejaban llevar por la suave y limpísima corriente, a las ramas desnudas que se curvaban y entrecruzaban sobre su cabeza y al susurro adormecedor del arroyo que la invitaba a la ensoñación y a la fantasía.

Una roca de pulidas formas que se alzaba solemnemente desde el centro del lecho del arroyo se despertó y escuchó su cantar, y Arnalda, dedicándole una respetuosa reverencia, le dijo:

Suave roca del arroyo, cuya forma y naturaleza recuerdan a las de un hombre sentado a meditar entre las corrientes del tiempo ¿accederías a ayudarme en mi gesta? Estoy buscando la respuesta al misterio que me permita componer la más bella canción de Amor jamás creada.

Y la roca pulida del arroyo le contestó:

«El Amor es la fuerza interior que nos purifica.

»El agua de este arroyo lleva muchísimos años pasando suavemente sobre mi superficie, y ahora esta es lisa y suave, y no le ofrece apenas resistencia a su corriente.

»Del mismo modo, los vaivenes de la vida, con sus alegrías y sus vicisitudes, pasan a través del alma y chocan contra las aristas y las rugosidades que se empeñan en no dejarles pasar. Y esto produce dolor y sensación de impotencia, porque tememos al sufrimiento. Mas la corriente de la vida no puede ser cortada y siempre encuentra su camino, a pesar de que este no nos guste y tratemos de impedírselo.

»Así, aquel que se rebela contra lo que la vida ha reservado para él vive una vida de dolor, intentando esconderse constantemente de su propio y verdadero ser y luchando contra sí mismo para constreñir el cauce de sus emociones. Y entonces llega un día en que el dique que ha construido revienta bajo la insoportable presión acumulada.

»Amor es lo que hace que confiemos en la sabiduría de la vida, y en vez de luchar, dejemos que pula poco a poco nuestras asperezas. Es la humildad del que reconoce sus propios errores y une su esfuerzo al trabajo de la caricia sutil y constante del tiempo, para así purificar su espíritu.

»De este modo, aquel que se deja limpiar por la mano suave y continua de la vida se purifica y armoniza con ella y su caricia, al igual que la corriente del arroyo reconoce a las piedras lisas del cauce como viejas amigas en vez de como molestos obstáculos.

»Y de la misma manera que la corriente del agua y las piedras del lecho del río se conocen bien y se necesitan entre sí para formar la totalidad del cauce, aquel que Ama está más cerca de comprender la auténtica naturaleza de la vida, porque siente su caricia directamente sobre el alma desnuda, y entiende que el Amor se esparce a partir de ese contacto, hasta que su cauce llega a abarcar todo el Universo».

Las palabras de la roca del arroyo habían llegado directamente al alma de Arnalda, y la habían conmovido profundamente. Mas, a pesar de ello, esta seguía sin poder dar con la clave para componer la canción de Amor más bella jamás creada. Así que, muy a pesar suyo, se despidió con una respetuosa y agradecida reverencia de la roca pulida, el arroyo y el bosque otoñal y, cansada al fin tras tanto tiempo de viaje, decidió volver a casa y admitir su derrota.

Pero esta vez Arnalda se perdió por el camino de vuelta. Y se asustó mucho al ver que entraba en una región completamente nevada en la que nada ni nadie más que el frío y la quietud hacían acto de presencia. Sin poder volver atrás, siguió lo que le parecía que era un camino flanqueado por tocones de viejos árboles recubiertos de hielo. Y al dar finalmente con un ancho patio rodeado de altas paredes negruzcas de piedra, se escurrió en su interior, buscando refugio para pasar la noche.

¡Y entonces sí que se asustó!

¡Se había metido en un viejo cementerio abandonado!

¡Y justo antes de la puesta de sol!

Las viejas lápidas relucían opacas bajo la luz mortecina del ocaso. ¿Cómo no las había visto antes? Arnalda corrió de vuelta hacia la salida, ¡pero esta ya no se encontraba allí! ¿Se había desorientado dentro del cementerio? ¡A Arnalda se le helaba la sangre en las venas cada vez más! Y se puso enseguida, rodeada de la creciente oscuridad, a tantear los muros con manos temblorosas a la búsqueda de una salida o un agujero que le permitiera dejar atrás ese lugar horrible. Pero todo se volvía cada vez más oscuro, y pronto le fallaron las fuerzas a la pobre trovadora, que finalmente se dejó caer, rendida, en un rincón mohoso de la muralla, entre las sombras, y manteniéndose lo más lejos posible de las lápidas recubiertas de musgo y liquen, estrechando su lira contra su pecho con todas sus fuerzas.

¡Qué experiencia tan terrible! Arnalda no podía ver nada, a dos pasos como estaba de la compañía de los muertos y buscó en su interior a su instinto para que le indicara alguna posible salida. Y este le respondió enseguida que se calmase, tocase y se pusiera a cantar.

¡No puede ser! se rebeló Arnalda contra esa idea, encontrándola absurda. ¡Alterar insolentemente la paz de los muertos de esa manera! ¡Llamarles aún más la atención! Y siguió escudriñando en su interior en busca de mejores opciones. Pero la misma idea surgía una y otra vez, insistentemente, en su cabeza:

«¡Toca para los muertos! ¡Canta para los muertos!».

Al final, aturdida por la situación, empezó a recapacitar que tal vez no era una idea tan descabellada después de todo: si algún espíritu se encontrara inquieto por su intrusión, una canción de respeto sincero hacia los muertos tal vez lo apaciguaría. Así que, sacando fuerzas de flaqueza, se puso tímidamente a trovar una emotiva y triste elegía a todos aquellos que yacen bajo tierra convertidos en huesos y polvo, a los que lamentan la pérdida de un ser querido, y a los que dan la vida por aquello en lo que creen en lo más profundo de su corazón.

Y los dedos se le congelaron de repente sobre las cuerdas de la lira

Porque una voz fantasmal surgió de pronto de entre las tumbas, y le dijo:

«Bienvenida al Reino de los Muertos, trovadora. Nada temas: estás aquí solo de paso. Toda la Naturaleza sabe que estás buscando la clave del misterio del Amor para componer la canción de Amor más bella jamás creada, y por tanto no puedes completar tu viaje sin visitar este lugar».



¡Pobrecita Arnalda! Del susto, estaba rígida como una fría piedra más de aquel camposanto pero si hubiera podido moverse habría sollozado perdón por su atrevimiento al querer desentrañar los misterios del Amor, y habría prometido ser solo una trovadora más, y no aventurarse de nuevo a tontear con preguntas a la naturaleza, arrepentida de su entusiasmo y de su ingenuidad.

Pero la voz que provenía de la tumba no era macabra o amenazante, sino sabia, serena y tranquilizadora; similar a su modo a los susurros de la rosa, la piedra y la espiga. Era simplemente la voz de otro aspecto sagrado e importante de la vida. Y al ver que la joven trovadora persistía en cubrirse los ojos espantada, esta le dijo suavemente:

«Tienes que querer verme para que pueda hablarte. No temas. Abre los ojos y escúchame».

Y Arnalda, haciendo un tremendo esfuerzo, abrió los ojos y los fijó en la oscuridad que tenía enfrente. Y entonces oyó a los muertos que decían:

«El Amor es la fuerza que derrota a nuestros miedos más profundos. 

»Los humanos temen mirar a la Muerte, a no ser que sea desde muy lejos, desde un lugar donde sientan que no puede tocarles. Mas el auténtico temor no proviene de la muerte que sobreviene al final de esta vida, de la que, al fin y al cabo, hasta que no llega nuestro momento no se sabe nada; sino de la muerte que experimentamos cada día.

»El abandono, la agresión, la manipulación, la coacción, la mentirael que nos injurien, nos utilicen, nos odien, nos sometan, nos ignoren, nos envidien o aplasten nuestros sueños o necesidades todo aquello que se convierte en un impedimento para ser libre y completo; todo aquello que no nos permite ser, existir: esa es la auténtica muerte que teme el ser humano. La que en verdad conoce.

»Pero esta muerte es tan cercana, tan cotidiana y familiar, tan poderosa y produce tantos estragos en nuestra vida que el hombre, llevado por el pánico, prefiere cerrar los ojos a ella y refugiarse en el consuelo del temor a lo desconocido.

»Mas esta muerte solo tiene el poder que queremos darle, ya que quien es valiente y la mira a los ojos lanza luz sobre su oscuridad: la luz de la propia aceptación, del propio conocimiento, y de la propia inteligencia Y entonces está preparado para luchar contra los desafíos de la vida desde su propio terreno, en vez de dar palos de ciego contra enemigos invisibles que se escurren en el ambiente como una neblina de desconcierto e impotencia.

»El Amor es lo que nos da fuerzas para escuchar a nuestro propio cuerpo cuando la Muerte está cerca, acechándonos. Es lo que nos permite ver la parte más asustada de nosotros y luchar para protegerla. El Amor nos da el arrojo del guerrero, la sabiduría del anciano, la protección de la madre, la inocencia del niño, la serenidad del religioso, el instinto certero del animal el Amor pone a nuestra disposición todas las fuerzas existentes en el Universo para ayudarnos a proteger nuestras partes más vulnerables ante la Muerte.

»Así, quien abre los ojos a la verdad del peligro de su propia muerte y se entrega a la búsqueda del camino que le permita estar completo y ser libre; quien confía en la sabiduría de la vida y aprende de las pruebas que esta le presenta; quien se atreve a ver y aceptar los propios temores, odios, debilidades y se compromete a cuidarlos y educarlos con amorosa paciencia este está vivo de verdad, y posee en su interior una fuerza capaz de redimir la oscuridad más profunda, y donde antes no había nada más que tinieblas gestar ahora nuevos mundos de Amor en su interior.

»Y aún después de que haya abandonado este mundo, este Amor seguirá resonando en el corazón de aquellos que habrán compartido con él un instante de su existencia. Y del mismo modo que las flores se marchitan para liberar la semilla de la nueva vida, su recuerdo germinará con el mensaje del Amor en las almas de los que vengan a vivir tras él».

Arnalda sintió como las lágrimas corrían por sus mejillas al oír esto, y a medida que reconocía lo alejada que había estado del auténtico Amor, la oscuridad del cementerio, que ahora reconocía como un reflejo de sus propios miedos, se fue aclarando lentamente, como un mágico amanecer mientras la frialdad y el vacío del cielo se fundían y templaban. Finalmente, se encontró a sí misma ante las no ya siniestras sino serenas lápidas, recubiertas de hiedra y musgo y, de hecho, alimentando con la paz inmóvil de su silencio el nacer discreto de nueva vida entre las rendijas de piedra, aún abrazada a su lira, como si acabara de salir de una pesadilla y la luz del sol la despertara por la mañana.

Y poniéndose en pie, con la mirada perdida del que ha visto grandes maravillas y se ha dejado seducir por ellas, dedicó una amplia y gozosa reverencia al perfecto Universo de armonía y existencia que desde allí la contemplaba.

Ya de vuelta a casa, Arnalda presentó a sus gentes la canción de Amor más bella jamás creada. Y decía así:

¡Escuchad, escuchad, amigos y amigas!
¡Esta es la canción de Amor más bella jamás creada!
Escuchad mi voz.
Escuchad mi lira.
Escuchad el silencio.

¡Escuchad el silencio!
El viento en los árboles.
El susurro del arroyo.
El murmullo de los hombres.

¡Escuchad el silencio!
El tenaz latido de vuestro corazón.
El manantial inquieto de vuestras emociones.
El paso del tiempo que templa vuestro espíritu.

¡Esta es la canción de Amor más bella jamás creada!
Cantad, y saldrá por vuestros labios.
Llorad, y saldrá por vuestros ojos.
Reíd, y saldrá por vuestra risa.

¡Danzad, danzad con la vida!
¡Danzad al son de la canción de Amor más bella
jamás creada!
Ella ya empezó a tocar y a cantar
desde el Principio de los Tiempos.
Tan solo está esperando
a que os unáis a ella y la cantéis
Tan solo está esperando
a que os unáis a ella y la cantéis

FIN


 
THE LOVE SONG



Dedicated to Elizabeth and Trevor Elliot
With all my heart...


May God always be with you
And with your lovely family.


Much, much love, xxxooo


María Concepción Pomar




One fine day, Arnalda, a young minstrel, announced that she would set out on a journey with the intent to compose the most beautiful Love song ever created.

She wanted to reflect through her words, accompanied by the subtlest of melodies, the true essence of Love, so that it and its mysteries became accessible to all human beings. Such was her enterprise!

Therefore, following her instinct, one fine day she departed on solitary pilgrimage, in search of the creatures of nature. She believed that, if she could pay heed to them with the due reverence and attention, they would reveal to her the secret to the ethereal melody of Love.

Without further ado, one footstep at a time, her lyre dangling on her back, she arrived at a beautiful garden abandoned by the hand of man. Time was in charge now of sculpting the outline of the hedges with the generous and lush abundance of nature, and of ornamenting the crevices between the rocks and pebbles on the floor with youthful shoots.

“Here I shall find someone that might aid me!”, said Arnalda to herself.

And she started chanting for the wind that danced amongst the boughs and branches, the sunrays pursuing each other amidst the infinity of flowers, and the scents of the herbs and weeds that intermingled in the mid air like an embrace of different symphonies of light, smoothness, and shimmering, subtle colours.


A beautiful crimson rose awoke from her slumber on hearing her, and Arnalda, greeting it with the proper majesty that is obliged when addressing flowers, asked:

“Gorgeous crimson rose, queen of all flowers for your beauty, delicacy, exuberance and perfume, favoured by the lovers would you agree to help me in my quest? I am seeking the answer to the mystery that would allow me to compose the most beautiful Love song ever created“.

And the crimson rose answered:

Love is the natural state of all living beings.  

When you have robust roots firmly fixed in the ground, and strong and healthy leaves that delight in breathing the sunlight, beauty finds the space to develop in the depths of your body.  

Love is what makes the first root stemming from the seed seek the moist and shadowy embrace of the
earth, and the first leaves wish to mingle with the growing warmth of the sun. It is the force that allows that the darkest and the brightest in human nature meet and reconcile, transforming and nourishing your inner core with balance and harmony.

Whoever allows this fusion of heaven and earth, of the most elevated and the most profound, throughout the circuits of their body; whoever permits to be pierced and sustained by these antagonistic yet loving forces, creates inside their very soul the nest for the maturity of beauty. It is the seed inside the seed. The place where flesh and soul finally encounter.  

Thus, whoever abandons themselves to the nourishing and firm embrace of the earth and allows the wind to clean and shake their thoughts, has the Love inside of them.

And like my beauty and perfume attract for being exactly what they are, those who possess the Love inside do not need to beguile, for they are complete in themselves. However they might be, they will find who enjoys their perfume out of their freedom of choice.”

Although the words of the crimson rose moved Arnalda’s emotions very deeply, she realised that she did not possess the key to compose the most beautiful Love song ever created yet. Hence, saying farewell to the flower and the garden with great reverence, with nimble feet and a happy heart she continued her journey.

Without further ado, one footstep at a time, her lyre dangling on her back, she arrived at an ample field of ripe wheat. Cicadas screamed insanely in the torrid midday sun, and the golden spikes curved graciously under the summer breeze like a sea set aflame, thirsty for even more blaze. Poppies peeped out shyly like red smiles flashing amidst the agitated monotony of that glistening ocean of gold.

Most assuredly, I shall find someone that might aid me here, too!”, said Arnalda to herself.


And like she had done in the garden, she took her lyre and offered a bright chant of rain and sunlight to the vast extension of ripe wheat, which shone along with her rhythm and with the wind that wanted to steal the hems of her skirt and played with her hair, daringly.

A thick-eared spike started humming the song along  with her, dancing to her cadence, and Arnalda, dropping a curtsy full of due homage in front of one of the most important staple crops, said:

“Radiant wheat spike, you that turn the sunlight into food for animals and humans alike and nourish them with its warmth and strength would you agree to help me in my quest? I am seeking the answer to the mystery that would allow me to compose the most beautiful Love song ever created“.

And the golden spike answered:

Love is the force that moves to gestation and transformation.

It is what makes possible that all the work we do during our existence, all the things we live, all that we feel can serve as raw material for the creation of more life.  

Thus, in the same way that I have grown from a seed until becoming a spike and my work will serve, when I’m not here anymore, for the creation of new
food, the lives of parents, teachers and doctors are the sustenance of those who are learning and growing.

“That said, in the case of the human being it is written that the son may also be a father for the father, the pupil a master for the master, and the patient a doctor for the doctor because any contact that is established with another living creature is revelatory, for the way we react to them is what we truly are.

“Because of that, whoever Loves has to be brave, and must be willing to be ground, kneaded and baked by the sentiment; for giving in to Love is penetrating in the greatest source of change, adventure and knowledge that exists.

“Thus, whoever shows themselves exactly as they are and allows that the others take from them all their good and all their bad, without hindrance or fear of rejection, judgement or conflict; whoever trusts and is transformed into new matter by their feelings; whoever dedicates themselves completely, in body and mind, blood and soul, to the well-being of those whom, with their life experience, sustains that person is a master of Love, and with their very being nourishes and feeds the core of those who surround them“.

Despite the fact that the words of the golden spike made a very pleasant impression on Arnalda, she felt the she still needed to search more to find the key to compose the most beautiful Love song ever created. Thus, she said farewell with great respect and gratefulness to the spike and the wheat field, and after that, more serenely but yet enlivened, continued her journey.

Without further ado, one footstep at a time, her lyre dangling on her back, she entered a thick and shadowy autumnal forest in which the trees gifted their dry leaves to the cold wind shacking them. In the refreshing moisture of the wood, the scent of the decomposing frond, of beautiful ochre tints, and of the occasional wild fungi sprouting amidst the tall trunks vivified Arnalda’s lungs. And when she arrived at the mossy shore of a crystalline stream she stopped, and exclaimed herself:

Most assuredly, I shall find here some other being of nature that might aid me in my task!”

And, sitting on a smooth, grey rock, she took her lyre once again and chanted a song full of melancholy, in a very low voice, dedicated to the ochre leaves that fell on the surface of the water and let themselves be driven by the soft and very clear current, to the bare boughs that curved and entwined over her head, and to the slumberous whisper of the stream, which invited her to indulge in daydreams and fantasies. 

A stone of rounded and smooth forms that raised solemnly from the centre of the stream bed woke up and listened to her song, and Arnalda, dropping a respectful curtsy in front of it, said:

“Soft and gentle stream rock, whose shape and nature remind of a sitting man in meditation amidst the currents of time would you agree to help me in my quest? I am seeking the answer to the mystery that would allow me to compose the most beautiful Love song ever created“.

And the polished stream rock answered her:

“Love is the inner force that purifies us.

“This stream’s water has been gliding softly over my surface for many years, and now it is smooth and soft, and barely offers any resistance to the currents.

“In the same way, the turbulence of life, with its joys and its troubles, pierces through the soul and crashes against any edges and rugosities that are determined to not let it pass. And this generates pain and a feeling of helplessness, because we fear suffering. Yet the current of life cannot be stopped and always finds its way, despite we might not like it and try to prevent this from happening.

“Thus, whoever rebels against what life has assigned to them lives a life of hurt, trying hopelessly to hide at all times from their own and true self, and fighting against themselves to constrain the flow of their emotions. And then comes the day when the dam they have erected cracks and bursts under the insufferable pressure.

“Love is what makes us confide in life’s wisdom, and, instead of fighting, let it polish, little by little, our asperities. It is the humility of whoever recognises their own mistakes and joins their own effort to the work of the subtle and constant stroke of time, thus lustrating their spirit.

“In this manner, whoever allows the soft and continual hand of life cleanse them gets purified and harmonised with it and its caresses, the same way that the currents of the stream acknowledge the soft pebbles of the riverbed as old friends instead of as annoying obstacles.

“And in the same way that the current of water and the cobbles of the riverbed know well each other and need one another to form the completeness of the stream flow, whoever Loves is nearer to comprehending the true nature of life, because they feel its stroke directly on their naked soul, and understands that Love grows and spreads from this contact, until its flood embraces all the Universe.”

The words of the rock in the stream bed had directly reached the very soul of Arnalda, and had moved her profoundly. But, in spite of that, she kept on oblivious of the key to compose the most beautiful Love song ever created. So, albeit very reluctantly, she bid the polished rock, the stream, and the autumnal woods farewell with a very respectful and grateful curtsy and, exhausted already after such a long journey, decided to head back home and admit her defeat.

But this time Arnalda got lost in her way back. And she got really frightened to see that she had entered a region completely covered in snow, where extreme cold and quietude were the only presence. As she could not turn back, she followed what seemed to be a path flanked by old tree stumps covered in ice. And upon finding a wide yard surrounded by tall and dark stone walls, she scurried inside, seeking refuge to spend the night.     

And then she did get really scared!

She had entered an ancient abandoned cemetery!

And right before the sunset!

The old tombstones gleamed opaquely under the sombre lights of the setting sun. How could she not have noticed them before? Arnalda ran back to the entry gates, but they were not there anymore! Had she got disoriented in the cemetery? Arnalda felt how the blood in her veins was freezing more and more! And she started at once, surrounded by the growing darkness, to grope along the walls with trembling hands, looking for an exit or a hole that would let her out of that horrible place and leave it behind. But all around was getting darker and darker, and soon the poor minstrel faltered and let herself fall down, surrendering, over a mouldy corner of the enclosure, amidst the shadows, trying to keep as far as she could from the tombstones, all of them covered in moss and lichen, while she held tight her lyre against her chest.


What a terrible experience! Arnalda could not see anything at all, so near as she was from the company of the dead and she searched in her soul for her instinct to point her to some possible exit. And it answered her at once, telling her to calm down, play her lyre and start singing.

“No way!“, Arnalda rebelled against that idea, finding it absurd. Disturbing insolently the peace of the dead that way! Calling even more for their attention! And she kept on thinking of better options. But the same idea returned, again and again, to her mind:

 “Play for the dead! Sing for the dead!“

In the end, mesmerised by the situation, she started to reckon that perhaps it was not such a crazy idea after all. If any spirit was unquiet due to her intrusion, a song of sincere respect for the dead might perchance calm it down. Thus, drawing strength from weakness, she timidly started to chant a piteous and moving elegy dedicated to all those who lay under the earth turned to bones and dust, to those who mourn the loss of a loved one, and to those who render their lives to what they believe in in the depths of their heart.

And her fingers suddenly froze on the lyre strings

For a phantasmagorical voice rose abruptly from among the tombs, and said:

“Welcome to the Realm of the Dead, minstrel. Fear not: your stay here is just transitory. All Nature knows that you are seeking the key to the mystery of Love to compose the most beautiful Love song ever created, therefore you cannot accomplish your journey without paying a visit to this place.“


Poor Arnalda! So frightened was she that she became as rigid as another one of those cold, hard stones from that graveyard but if she could have moved, she would have cried for forgiveness for having dared to guess the mysteries of Love, and would have promised to be just another minstrel, not venturing ever again to ask silly questions to nature, repented from her enthusiasm and naivety.

Yet the voice that came from the tomb was not macabre or menacing, but wise, serene, and reassuring; similar in its own way to the whispers of the rose, the stone, and the spike. It was simply the voice of another important, sacred facet of life. And upon seeing that the young minstrel kept on covering her eyes with her hands, aghast, it said softly:

“You have to want to see me so that I can talk to you. Fear not. Open your eyes and listen.“

And Arnalda, making a great effort, opened her eyes and fixed them on the darkness she had in front of her. And then she heard the dead who said:

“Love is the force that defeats our deepest fears.

“Humans fear looking at Death face to face, unless it is from very afar, from a place where they feel it cannot reach them. But the real dread does not come from the death that ensues at the end of this life, about which, after all, we know nothing until our moment arrives - but from the death we experience every day.

“Abandonment, aggression, manipulation, coercion, deceit that people defame us, use us, hate us, subject us, ignore us, envy us or crush our dreams and needs everything that becomes an impediment to be free and complete; everything that prevents us from being, existing;  that is the real death that the humans fear. The one they really know about.

“But this death is so nearby us, so quotidian and familiar, so powerful and provokes so much pain in our lives that man, driven by panic, would rather close their eyes to it and take shelter in the solace of the fear of the unknown.

“Yet this death only has the power we want to give it, for whoever is brave and looks at it in the eye sheds light on its darkness: the light of acknowledgement, of self-awareness, and of inner intelligence And then they are ready to fight against the challenges of life standing on their own ground, instead of taking blind steps against invisible enemies that steal away in the dark surroundings amongst a mist of impotence and confusion.

“Love is what gives us the strength to listen to our own body when Death is near, stalking us. It is what makes us see the most frigthened part of us and fight to protect it. Love grants us the courage of the warrior, the wisdom of the elder,  the protection of the mother, the innocence of the child, the serenity of the sage and the anchorite, the sure instinct of the animal Love makes available to us all the existing forces in the Universe to help us protect the most vulnerable parts of our self in front of Death.

“So whoever opens their eyes to the truth of the danger of their own death and renders themselves to the quest for their own path of freedom and completeness; whoever trusts in the insights of this life and passes all the tests that it presents to them; whoever dares to see and accept their own fears, hates, weaknesses and devotes themselves to take care and educate them with loving patience, that person is truly alive, and possesses in their being a force able to redeem the darkest of darkness, and where there was nothing but shadows before now gestate new worlds of Love in their inner core.

“And even after this person has departed from this world, this Love will keep on resonating in the hearts of those who would have shared with them an instant of their existence. And in the same way that flowers wilt to release the seed of a new life, their memory will germinate with the message of Love in the souls of those who come to live after them.“

Arnalda felt how the tears ran down her cheeks on hearing this, and at the same time that she realised how far she had been from true Love, the darkness of the cemetery, which she now acknowledged as a reflection of her own fears, started clearing slowly, like a magical sunrise while the coldness and vacuousness of the sky melted and tempered. Finally, she found herself amongst the not sinister anymore but serene tombstones, covered in ivy and moss and, in fact, feeding with the hushed peace of their silence the secretive birth of new life amidst the cracks in the stone, still embraced to her lyre, as if she had just come out of a nightmare and the sunlight had awoken her in the morning.

And, standing on her feet, with the dreamy gaze of those who have seen great marvels and have consented to be seduced by them, dedicated an ample and joyous curtsy to the perfect Universe of harmony and existence that from there was contemplating her.


Back home, Arnalda presented to her people the most beautiful Love song ever created. It went like this:

Listen, listen, boys and girls, my friends!
This is the most beautiful Love song ever created!
Listen to my voice.
Listen to my lyre.
Listen to the silence.

Listen to the silence!
The wind in the trees.
The whisper of the stream.
The rumour of men.

Listen to the silence!
Your tenacious heartbeat.
The restless spring of your emotions.
The passage of time tempering your spirit.

This is the most beautiful Love song ever created!
Sing, and it will come out of your lips.
Cry, and it will come out of your eyes.
Laugh, and it will come out of your laughter.

Dance, dance with life!
Dance to the sound the most beautiful Love song
ever created!
She has already started to play and sing
Since the Beginning of Time.
She is only waiting for you
To join her and sing along with her
She is only waiting for you
To join her and sing along with her

THE END